
Aún cuando nunca pudimos superar la pérdida de uno de nosotros y la vida continuaba, caímos en la monotonía del colegio a la casa y viceversa, teníamos miedo de volver a la plaza y recordar a nuestro hermano, prendimos velas, que sin quererlo en varias noches se confundían con las de otros caídos en otras batallas, en otras luchas, esas que se combatían en barricadas de odio, de hambre, de justicia.
Cuando algún tiempo paso al final de ese año cuando el calore se vuelve intenso, recurríamos a lo más cercano y a la mano nuestro grifo, la llave maestra herencia de nuestro hermano Lagarto, tomado prestado de alguna cuadrilla de Emos, nos daba la alegría de las tardes largas, cuando la tele sólo eran culebrones interminables de guaguas perdidas y niñas de bien que quedaban ciegas....
Terminado el almuerzo, el durazno devorado a ligeras, nos calzábamos los shores y a la plaza, la llave maestra abría el código hexagonal del grifo y zas!!! agua bendita agua, cristalina como la lluvia y purificadora del alma, de pecados no sabíamos y era bueno no saberlo, lo sabía yo cuando me enamore de una chica de iglesia y la acompañaba los domingos a la misa sólo para estar de la mano de ella, el Curita de la capilla sólo hablaba de pecado y ya no sabia si respirar o estornudar era pecado, huí de ella y de los domingo en misa.
El agua ya comenzaba a inundar la calle cuando aparecían las primera piruetas sobre un largo nylon sacado de por ahí, con un poco de jabón podías recorrer la extensión de este, de guata, de espalda, a poto pela'o, en cueros, calato, o empelota como le gustaba a nuestro hermano Lagarto, como sea la mejor pirueta llevaba doble ración de duraznos o más damascos, esos del frondoso árbol del pelao de la yegua..
Cuando ardía la tarde, comenzaron a aparecer las primeras chicas de los pasajes aledaños, recuerdo una en particular y la recuerdo por que Ella inspiro este relato, recuerdo que me gustaba, pero también sabia que le gustaba al Rulo, el Rulo era nuestro valentino, su estampa era increíble, buen porte, pelo ondulado, que por esos tiempos era bien fashion, cuerpo esculpido por el buen ulpo, en fin, un minimacho, tal vez su único "pero" era su eterno problema en la fosas nasales, que por no decir menos, parecían dos llaves abiertas de liquido mucoso, el Rulo hasta hoy de la última vez que lo vi portaba dos paquetes de pañuelos desechable como quien saca cigarros, el sacaba pañuelos, decía que había encontrado unos mentolados que eran los mejores, mientras sonaba su mas que apretujada nariz.
El calor nos inundaba y las chiquillas en sus trajes de baño, poleras, pantalones cortos o en churrines de variado colores, ya eran parte de la naturaleza del asfalto, las celestinas corrían de oreja en oreja los mensajes de besos por encargo, en uno de ellos venia una solicitud para mi, era de Ella, pero también sabia que el Rulo ya había enviado sus requerimiento, y eso entre hermano se respeta, di un paso al lado, y ella en señal de hacerme ver lo que me perdía, comenzó a besar al Rulo con una soltura abrumadora, creo nos sorprendimos todos, más aun cuando el exceso de jabón inundo con una espuma exuberante la calle, pronto los cuerpos se confundían, todos se besaban y yo parado ahí con un paso al lado, sólo la veía a Ella y al Rulo, podía entre la espuma ver sus maduros pechos, entrever su pubis, si estaban desnudos, el Rulo cuan atlético sobre Ella, descubría el sexo en plena calle, entre espuma y agua en una tarde de calore de diciembre, se hacia hombre pensábamos a la vieja usanza de nuestro abuelos, que sus padres los llevaban a casas de putas a ser "hombres", pero parado ahí note el cambio repentino en la coloración del agua que fluía del tumulto, las aguas se volvieron rojas, pensé en el curita y me dio medio, miedo por que todos comenzaron a gritar y a correr por el pasaje, la espuma ya no eran tan blanca , mas bien rosada y un hilo de sangre recorría el asfalto, cuando pensé que todos habían huidos de la espumadera, un diminuto cuerpo, yacía en el asfalto jamas olvidare su bello cuerpo recortado en el gris del asfalto, ella se había hecho Mujer, frente a todos nosotros, lloraba, también tenia medio, me saque mi polera la arrulle en mi, me miro y estoy seguro que me odio por el resto de sus días... esa noche soñé con ella y con el maldito Curita que había puesto en mi cabeza, el miedo.


3 comentarios:
potente relato (más de lo que intuía), el grifo pasó a 2do plano frente a tanta sensualidad desparramada sobre el asfalto, frente a los ojos, en el corazón...
¿y cuánto de miedo se conserva aún?
y todo por la CALORE
ya "pue",
deberías ir estrenando posteo en este nuevo año.
Feliz 2008, Guirres!
Toda la felicidad que te mereces.
gracias por tu mensaje!
de verdad, muy alentador!
Publicar un comentario